<<Así que, apenas un rato después, estamos paseando tranquilamente por la
ciudad. Me llama la atención el color tan extenso del cielo, de un gris
sucio que no había visto nunca. "Parece que va a llover", comento, por decir algo.
- No va a llover -replica Angelo-. Es contaminación.
Me quedo de una pieza.
"¿Con taminación?", repito. "¡Pero si apenas se ve el sol!"
- Pues ahí lo tienes- y añade con un poco de rabia-. Alégrate de no poder respirar este aire.
"Me encanta el tacto con el que tratas el delicado tema de mi muerte", comento con sorna, pero me callo, de pronto, al advertir algo importante: a Angelo le molesta la contaminación. ¿Cómo es posible? ¡Pero si la inventaron ellos! ¡Pero si los demonios hacen todo lo posible para que: primero, las personas se destruyan unas a otras, y segundo, las personas destruyan el planeta!
"¿A ti no te gusta esto?", pregunto incrédula.
"Me encanta el tacto con el que tratas el delicado tema de mi muerte", comento con sorna, pero me callo, de pronto, al advertir algo importante: a Angelo le molesta la contaminación. ¿Cómo es posible? ¡Pero si la inventaron ellos! ¡Pero si los demonios hacen todo lo posible para que: primero, las personas se destruyan unas a otras, y segundo, las personas destruyan el planeta!
"¿A ti no te gusta esto?", pregunto incrédula.
Angelo desliza la mirada de sus ojos rojos por el paisaje urbano de Shanghai. Coches, ruido, humo y gente, mucha gente.
- Este era nuestro objetivo -reconoce-. Que no quedara nada intacto. Que reinaran el caos y la destrucción en el mundo. Pero eso solo significaba algo porque los ángeles estaban al otro lado para impedirlo. Ahora que ya nada puede detenernos, dime, ¿qué sentido tiene? ¿Qué haremos cuando ya no quede un solo árbol en pie, cuando no haya un río sin contaminar, cuando hasta la última criatura de este planeta se haya extinguido? ¿Qué nos quedará por destruir?
Me quedo mirándolo, perpleja. Jamás se me había ocurrido pensar tal cosa. Y, sobre todo, jamás habría imaginado que semejante reflexión pudiera salir de la boca de un demonio.>>
"Dos velas para el diablo", Laura Gallego García.
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